A raíz de la reciente sanción en el Senado de una nueva legislación laboral, se reavivó el debate público en torno al ausentismo laboral. La discusión se ejemplificó en los casos de trabajadores que se lesionan realizando actividades deportivas —como jugar al fútbol— fuera del horario laboral.
Más allá de la discusión normativa o legal, este intercambio expone una preocupación creciente en las organizaciones: el impacto económico del ausentismo y la necesidad de comprender sus verdaderas causas. Mientras la conversación se centra en situaciones individuales y en la asignación de responsabilidades, existe un determinante mucho más amplio y menos visible que incide de manera cotidiana en la salud y la productividad de los trabajadores: la calidad del entorno alimentario en el trabajo.
ENT en Argentina: datos que interpelan al ámbito laboral
De acuerdo con la 4ª Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (Ministerio de Salud de la Nación, 2018):
- El 34,6 % de los adultos presenta hipertensión arterial.
- El 12,7 % refiere diagnóstico de diabetes o glucemia elevada.
- El 66,1 % tiene exceso de peso.
Estas condiciones constituyen los principales factores de riesgo para enfermedades cardiovasculares, eventos cerebrovasculares y otras complicaciones crónicas que impactan directamente en la capacidad laboral, la continuidad de tareas y por supuesto, en los indicadores de ausentismo. Cuando se analizan estos datos desde la perspectiva organizacional, la pregunta deja de ser exclusivamente sanitaria y pasa a ser estratégica:
¿Cómo influyen los entornos laborales en la consolidación o modificación de estos factores de riesgo?
El entorno alimentario laboral como variable estructural
El entorno alimentario laboral —entendido como la disponibilidad, calidad y accesibilidad de las opciones de comida dentro de la organización—cumple un rol determinante en la consolidación de hábitos diarios.
Cuando predominan:
- Menús de baja calidad nutricional
- Opciones rápidas sin planificación
- Jornadas extensas sin pausas adecuadas
- Ausencia de supervisión técnica en los servicios de alimentación
Se favorece la progresión de factores de riesgo metabólicos que, sostenidos en el tiempo, derivan en ENT y en sus complicaciones asociadas. El ausentismo, en estos casos, no es un evento aislado. Es la consecuencia visible de un proceso silencioso y acumulativo.
El impacto organizacional
Diversos estudios internacionales estiman que el ausentismo asociado a enfermedades crónicas y factores de riesgo modificables puede representar entre un 2 % y un 6 % del costo total de la nómina salarial. Además del ausentismo visible, existe el presentismo: trabajadores que asisten al trabajo con bajo rendimiento debido a fatiga, mala calidad alimentaria o desórdenes metabólicos. Cuando la alimentación no forma parte de la estrategia organizacional, los efectos terminan reflejándose en:
- Incremento de licencias médicas
- Disminución del rendimiento
- Mayor rotación
- Costos indirectos crecientes
En este contexto, la discusión sobre ausentismo deja de ser episódica y pasa a ser estructural.
El rol estratégico de la prevención:
Diseñar entornos laborales saludables no es una acción cosmética ni un beneficio accesorio.
Es una intervención preventiva. Incorporar criterios de calidad alimentaria y mejora continua en los servicios de alimentación puede contribuir a:
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- Reducir factores de riesgo modificables
- Promover hábitos sostenibles
- Disminuir la progresión de ENT
- Impactar positivamente en indicadores de salud organizacional
Cuando la alimentación se integra a la estrategia de la empresa u organización, el bienestar deja de ser declarativo y se convierte en gestión
En un escenario donde el ausentismo ocupa la agenda pública, quizás la pregunta no sea solo quién asume el costo de una lesión ocasional, sino qué decisiones estructurales se están tomando para prevenir riesgos evitables.
Antes de cerrar, y retomando el debate en torno a las lesiones ocurridas durante la práctica deportiva, resulta fundamental señalar que la actividad física no es el problema; es parte de la solución. En un contexto donde se discute quién asume el costo de una lesión, conviene recordar que el sedentarismo es uno de los principales factores de riesgo de enfermedad crónica y mortalidad prematura. Desalentar el movimiento por temor a descuentos salariales podría generar un efecto adverso: mayor prevalencia de enfermedades no transmisibles, deterioro de la salud mental y, paradójicamente, un impacto económico más significativo a mediano y largo plazo.